StockSemáforo usa un sistema de reglas transparente y determinista: nada de cajas negras. Cada acción se puntúa de 0 a 100 en cuatro áreas. La nota global da más peso a la valoración —la pregunta "¿cara o barata?"— que a la media de calidad (crecimiento, rentabilidad y solidez). Los fundamentales provienen de los informes oficiales que las empresas presentan a la SEC de EE. UU. (EDGAR), de dominio público: no son editables, nos fiamos de la fuente. Lo único que aportas tú es el precio actual.
Esta área necesita el precio actual, que introduces tú (te enlazamos a Google Finance). Con él calculamos el P/E (precio ÷ beneficio) y lo comparamos con un "P/E justo": el múltiplo que la empresa merece. Ese P/E justo no es un número fijo: parte de la referencia de su sector (un P/E de 30 es normal en software y caro en banca), pero se ajusta a su crecimiento. Una empresa que crece rápido merece un múltiplo más alto que la media de su sector —es la lógica de "crecimiento a precio razonable" (GARP)—. En concreto, el P/E justo es el mayor entre la referencia del sector y ~1,2 veces su crecimiento anual. Cotizar por debajo del P/E justo puntúa alto; por encima, bajo.
Un matiz clave para no perder credibilidad: un precio disparatado hunde la nota, por muy buena que sea la empresa. Cuando el P/E supera con mucho lo que el crecimiento justifica, aplicamos un castigo que limita la nota total: la calidad no puede "rescatar" un precio absurdo (pagar diez veces el valor razonable es mala inversión aunque la empresa sea excelente). Ese castigo crece de forma suave y continua con el precio, sin saltos.
Para juzgar el crecimiento en la valoración usamos una combinación prudente del de 1 y 5 años (si la empresa ha acelerado, el de 5 años; si ha desacelerado, la media de ambos), para que ni un año excepcional ni uno flojo distorsionen el resultado. Sin precio, esta área no puntúa y la nota se basa en las otras tres.
Media del crecimiento anualizado (CAGR de unos 5 años) del beneficio por acción y de los ingresos. Usamos varios años, no el último, para no dejarnos engañar por un ejercicio puntualmente bueno o malo —típico en sectores cíclicos—. Crecer al 30% anual o más puntúa 95; estancado, unos 30; decreciente, menos.
Combina margen neto (un 25%+ es excelente), margen bruto (60%+ indica poder de fijación de precios) y ROE. El ROE lo limitamos al 40%: por encima suele reflejar apalancamiento o recompras agresivas (que reducen el patrimonio), no más calidad real.
Deuda neta/EBITDA (por debajo de 0,5x es fortaleza; por encima de 4x, riesgo) y margen de flujo de caja libre (20%+ es élite; negativo es señal de alerta).
Subir el dividendo muchos años seguidos exige generar caja creciente y disciplina de balance: una señal de calidad que los ratios de un solo año no capturan. Por eso la nota suma +1 punto por cada 4 años consecutivos de subidas, hasta +4 (según la serie de informes a la SEC, que cubre unos 15 años). Es un bonus, nunca un castigo: no repartir dividendo no resta —Amazon o Berkshire no son peores por reinvertirlo todo—. Y tiene un candado: si el payout supera el 90% del beneficio, no hay bonus (una racha comprada a base de repartirlo casi todo tiene fecha de caducidad). El bonus tampoco puede rescatar un precio disparatado: el castigo por sobrevaloración manda.
La referencia de P/E por sector es una aproximación a partir de la clasificación de la empresa, no una media de mercado en vivo. Los umbrales de crecimiento, márgenes y deuda siguen siendo generales. El sistema no evalúa factores cualitativos (ventajas competitivas, equipo directivo, riesgos regulatorios). Para empresas sin beneficios, el P/E no aplica. Los fundamentales se calculan sobre los últimos doce meses (TTM): combinamos el último ejercicio cerrado con los trimestres más recientes, así que reflejan la situación actual, no la de hace un año. Ese TTM puede incluir partidas extraordinarias (cargos o beneficios puntuales) que distorsionan un periodo concreto. Y en empresas con varias clases de acciones, el BPA puede no estar disponible, por lo que esas no se pueden valorar con precisión. Usa el semáforo como primer filtro, nunca como decisión final.
Esta herramienta es educativa y no constituye asesoramiento financiero.